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Problemas sexuales masculinos ¿cómo afrontarlos y prevenirlos?

La disfunción eréctil, o impotencia funcional, ocurre cuando el hombre es incapaz de lograr y/o mantener una erección lo suficientemente rígida y firme como para tener relaciones sexuales satisfactorias. Para ser considerado una alteración, esto debe ocurrir de forma recurrente, y no sólo de forma ocasional. Cabe destacar que a mayor edad, mayor es la probabilidad de padecer impotencia, de hecho más del 50% mayores de 40 años experimentan disfunción eréctil.

Las causas vasculares son las más frecuentes, es así como diabéticos, hipertensos, con colesterol elevado o fumadores tienen mayor riesgo de tener disfunción eréctil. Con menor frecuencia las enfermedades del sistema nervioso (Alzheimer, Parkinson, trombosis, daño medular), los tratamientos del cáncer (próstata, cólon o recto), las drogas (alcohol, marihuana, morfina, heroína) y la disminución de testosterona, pueden causar impotencia funcional.

La disfunción eréctil puede provocar estrés, problemas de autoestima, problemas en las relaciones de pareja y en casos severos depresión. Además, puede ser una manifestación clínica de una afectación médica subyacente que requiere estudio y tratamiento. Es por ello por lo que es fundamental consultar al médico de forma precoz.

El urólogo es especialista indicado para realizar el tratamiento de disfunción eréctil. Sin embargo, es indicado derivar también a un cardiólogo a los pacientes mayores de 40 años que presenten esta patología, dado que constituye un gran factor de riesgo cardiovascular, y puede ser el primer aviso de una enfermedad coronaria subyacente.

El tratamiento debe ser siempre indicado por el profesional médico, y puede variar según la causa de la disfunción. El Viagra o sildenafil es el medicamento más conocido para el tratamiento de la disfunción, pero cada vez se usa más nuevos fármacos como el vardenafilo y taladafilo. Entre los fármacos inyectable destaca la prostaglandina E o alprostadilo, y entre los tratamientos hormonales comúnmente se usa testosterona, con resultados variables. Finalmente aparecen las técnicas quirúrgicas, como la inserción de próstesis en los cuerpos vavernosos del pene, cirugías de reparación de bloqueo de venas o cirugía de reparación de arterias.

Dado que el estilo de vida está directamente relacionado con la aparición y severidad de la impotencia funcional, es fundamental complementar siempre el tratamiento específico con una buena alimentación, actividad física, higiene del sueño, y evitar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, con el fin de prevenir el desarrollo de la enfermedad, evitando también la aparición de obesidad, diabetes e hipertensión.

 

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